Hola queridos amigos! Quiero compartir estas palabras con cada uno de ustedes. Ya todos sabemos que hemos tenido semanas cargadïsimas de trabajo y mucho estrës. Y bueno, logramos salir todos con nuestro trabajo, probablemente no como hubiésemos querido pero salió y bien. Tenemos la oportunidad que Dios nos da de poder recargar energía con los y las epristas cada domingo. Por si no se han dado cuenta, eso es una bendición!
Al grano. Quiero compartirles que descubrí que los instrumentos hablan. La semana pasada, casi al borde del suicidio por buscar maneras cómo decirle a los profesores de la UCA que los seminarios de graduación son por gusto, decidí darme un descanso para liberarme del estrés. Puse uno concierto en DVD de uno de mis guitarristas de jazz favoritos Pat Metheny. Escuchaba detenidamente cada instrumento, específicamente el piano. Quien lo tocaba era como un doble amanecer, como ganarse la lotería o más bien, sentirse amado por alguien… Bueno, escuchaba y miraba cómo cada tecla era presionada y cómo reproducía ese sonido peculiar. Entré totalemente en ello y me transporté al escenario. Un escenario mágico e innovador donde sólo aparecían los intrumentos y quienes se encargaban de “tocarlos”, pero en realidad, sólo los estimulan a que hablen. Es increíble lo que vi, lo que sentí y en especial, lo que escuché.
Generalmente uno ve al músico tocar el instrumento, pero lo que realmente pasa es lo siguiente: El músico tiene una conversación interna. Su aparato fonador es el instrumento. Lo que sucede es impresionante. No es necesario ser un máster en la música para poder llegar lejos. Todo está en que el músico conozca su instrumento y sepa cómo utilizarlo. En palabras de comunicador, que éste conozca bien su lenguaje, sus palabras y las utilize de la mejor manera para poder llegar a aquello que quiere. Es como cuando alguien quiere conquistar a una persona, utiliza sus mejores estrategias para lograr una buena imagen (la deseada), y bueno… lo demás ya saben cómo funciona.
Volviendo a lo anterior, esa conversación única que existe entre el deseo del músico y su instrumento no es más que un sentimiento encontrado. El instrumento recibe peticiones de los deseos del músico que son transmitidos a través de los dedos, manos o labios. A su vez, cuando la información es recibida, hay una retroalimentación. Si el músico está satisfecho con lo que escucha, entonces le pide al instrumento irse por “x” camino… y así sucesivamente. Como cuando uno habla con esa persona “x”, la cual lo tiene a uno tan entretenido que no quisiera que el tiempo se acabara. Como una conversación sin límite…
Fue en ese momento cuando decidí transportar eso que sentí a la vida real. Vi al piano, solo, aburrido, abandonado (gracias a la UCA) y sin importar lo que tenía que hacer, colocé mis dedos a las teclas, y empezó la función. Fue un discurso increíble. Jamás había tenido una conversación tan profunda, donde incluimos temas de amor, amistad, religiosos, reconciliación, perdón… temas políticos, sociales, del medioambiente y hasta temas relacionados con mis metas y mi futuro.
Me di cuenta que yo quería escuchar lo que más deseaba en ese momento, y fue el piano quien hizo eso posible. Yo le decía lo qué quería escuchar, y él con todo el deseo del mundo me complacía. Y dándole gracias, acariciaba cada una de sus teclas para mantenerlo contento y poder yo reproducir aquel sentimiento profundo que habita en mi ser, en mi sangre y en mi corazón. Espero algún día poder transportarles en vivo y en directo esta sensación. Mi piano y yo.
Bendiciones…